Educar
en y para la convivencia es un aspecto clave de la práctica
educativa enmarcado en lo que llamamos la competencia social.
La
mejora de la competencia social y de las relaciones interpersonales
como parte del curriculum de las instituciones educativas es una vía
de prevención de triple efecto:
- Prevención de riesgos individuales asociados a la conducta antisocial y a la inadaptación escolar y social.
- Prevención de episodios de violencia escolar, predominio de comportamientos indisciplinados, peleas, malas relaciones y agresiones en el centro escolar.
- Prevención de la violencia relacionada con la diversidad cultural y la diferencia sexual, como el racismo, el sexismo, la intolerancia y el rechazo hacia determinadas personas y/o colectivos sociales.


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